El Dr. Roberto Tozzini recorre la tierra del balneario de San Sebastián y la cuna de los albigineses en Francia.

Sitges
Luego de Barcelona, en mayo del 2003, pasamos unos días en Sitges, balneario situado unos pocos kilómetros al sur de la capital, que ya nos había impresionado gratamente en el 1960 por su bonita geografía y la paz que se respiraba en sus playas. Pero el mundo moderno se modifica con pasmosa rapidez y un Sitches muy diferente e inesperado fue el que encontramos al comienzo del siglo XXI.

El lugar conservaba todo el encanto de la naturaleza con plazas y balcones preñados de flores, sus callecitas que suben o caen al mar, entrelazándose por las colinas, sus elegantes negocios, sus artesanías de refinado gusto y su costa marina fascinante con su bella playa San Sebastián, pero en la población se observaba un cambio, predominaban largamente los hombres ya que el lugar se había constituido en un centro de concentración gay y las parejas representativas de ambos géneros como la nuestra  escaseaban y en algunos sitios, podían constituir casi una anomalía.

Calle de Sitges, España

 

Calle Peatonal de Sitges, España,

 

Playa San Sebastián, Sitges

 

Playa San Sebastián, Sitges

 

Parador Nacional de Vic, España

 

Parador Nacional de Vic. Vista posterior.

 

Embalse del río desde el Parador Nacional de Vic

 

Montañas cecinas al Parador de Vic

 

Desde el balcón del Parador de Vic

 

Parador Nacional de Vic

 

Desde el balcón del Parador de Vic

 

 


Sitges está unida con Barcelona por trenes que parten todas las horas desde una pequeña estación en el centro  y a pocas cuadras de las playas, y que luego de un veloz recorrido de 30 minutos, con tres o cuatro paradas intermedias, nos dejó en pleno centro de la gran capital, conectándose directamente con la completa línea de subterráneo. Los empleamos para ocupar nuestros días, en dos o tres oportunidades, para  regresar a la recién visitada Barcelona, recorriendo lugares que la memoria guardaba, como el barrio gótico, las ramblas, los alrededores de la plaza Cataluña, sus galerías y restaurants, volviendo a la tardecita a nuestro hotel en Sitges, muy confortable por cierto, pero con un entorno muy diferente al que vimos en el pasado y  que acabo de mencionar. Allí recibimos la visita de un antiguo conocido: Ignacio Sánchez Lujan, médico destacado que me acompañó como excelente laparoscopista y ginecólogo durante mi jefatura en el hospital Clemente Álvarez y que después, con toda su familia, decidió buscar aires más respirables para él y sus hijos, estableciéndose en Barcelona gracias a su doble nacionalidad y a su excelente situación económica. Ignacio vino a buscarnos una mañana, en un confortable Mercedes blanco para llevarnos a recorrer los alrededores y terminar almorzando en el Yacht  Club  de Barcelona donde 40 años atrás, en nuestro viaje de bodas, otro colega español, Manuel Carreras Roca, amigo de mi suegro en ese caso, también nos había invitado a un almuerzo. La máquina del tiempo mezclaba los recuerdos.

 


El Languedoc francés
Desde  Sitges, previo alquiler de un auto, partimos rumbo al Languedoc francés internándonos primero en la ruta hacia los Pirineos,  con el objeto de pasar  una tarde y la noche en el Parador de Vic, ubicado en plena serranía, que unos amigos locales me habían recomendado conocer. Es éste uno de los buenos paradores españoles, con la  apariencia de un castillo o lujosa casona, enclavada en la montaña, con hermosa vista del lago artificial resultante del embalse de un río de la región. El agua quieta, está rodeada por una cadena montañosa densamente cubierta por verde vegetación.    

El hotel es acogedor, confortable, aunque ciertamente austero. La comida, con platos típicos de la región, más que recomendable. Todo ello hizo muy agradable nuestra breve estadía y a la mañana siguiente, con el ánimo y el cuerpo renovado, regresamos al camino de la costa, para evitar los Pirineos y pasar casi inadvertidamente a territorio francés.

Cruzamos  Carcassone, donde almorzamos, apreciando tras la muralla esa ciudad fantasma o ciudad museo, que conserva intacta sus estructuras medievales,  por lo que atrae   interminables caravanas de ómnibus de turismo, cuyos pasajeros se deleitan con la vista adusta de esas construcciones  góticas, de castillos rodeados de murallas, con sus techos aguzados y sus puentes levadizos, su catedral, restaurantes y todos los componentes de una ciudad del siglo XIII, conservada en una burbuja del tiempo, sin recordar generalmente, que quedó como una estructura vacía, como una cáscara trágica, con sus habitantes cruelmente perseguidos o muertos por los soldados de la religión oficial y los ejércitos del rey de Francia y que a los sobrevivientes de la lucha desigual  los expulsaron desnudos, sin posesión personal alguna a la noche invernal y a una muerte segura. Posteriormente, la ciudad fue abandonada intacta.

Murallas de Carcassone desde la ruta, Francia



Albi
Luego de Carcassone, pasamos sin detenernos, por Tolosa o Tolouse, convertida en la actualidad en un importante centro aeroespacial y donde se fabrica el gran pájaro europeo del Airbus. Desde allí continuamos por autopista, unos 90 km más hacia Albi, territorio habitado entre los siglos XI y XIII por  los llamados cátaros o albigineses,  centro de la herejía católica  y motivo de una de las más sangrientas represiones religiosas que ocurrieron en territorio francés.  Época obscura que la historia ha tratado de tapar u olvidar por vergüenza.

Llegados a la ciudad de Albi, ante la ausencia de grandes hoteles, ya que la zona estaba libre del turismo masivo, nos instalamos  en los alrededores, donde habíamos reservado un atractivo chateau, “La Reserve”, recomendado por amigos, ideal para el descanso y famoso por su gastronomía. Como  curiosidad,  adjunto a su bonito jardín transcurre el río Tarn, que previamente atraviesa toda la ciudad y más adelante se encajona entre murallones elevados de roca caliza, transformándose en un río bravo. El extenso jardín era rico en setos de flores hermosas, árboles centenarios y una agradable piscina que el clima ventoso y fresco nos impidió utilizar.

Hospedaje en Albi, Francia

 

Chateaux La Reserve desde el balcón de nuestra habitación

 

Parque de La Reserve, Albi, Francia

 

Rio Tarn desde el balcón de nuestra habitación en Albi.

 

 


La historia de esta sufrida población y las consecuencias desastrosas de su interpretación del evangelio de Jesús, a quien seguían ciegamente, bien vale un modesto recuerdo.

En estas tierras que entonces se denominaban occitania, el cristianismo cátaro, sostenido o apoyado por las clases dirigentes, constituía una forma distinguida de lograr la salvación del alma. Las órdenes religiosas  estaban organizadas en Los Buenos Hombres y Buenas Mujeres quienes predicaban el cristianismo y bautizaban por imposición de las manos, a la manera de los apóstoles, transmitiendo el espíritu santo. Eran gente pacífica, trabajadora y creyente que consideraba alegremente vivir una vida de trabajo y evangelización, según las enseñanzas de Jesús y los Evangelios, pero que tenían al bautismo como único sacramento y no entendían a la comunión como otra cosa que una ceremonia recordatoria de la pasión de Cristo.

Estos “buenos hombres y buenas mujeres” conocidos como los cátaros o herejes albigeneses, seguidores  de los apóstoles,  rechazaban las  enseñanzas y lectura del antiguo testamento, la veneración de las imágenes y sacramentos como el bautismo con agua  (reemplazada por la ya mencionada imposición de manos impuesta por Pablo en los albores del cristianismo),  y sobretodo (el principal pecado) no reconocían la autoridad absoluta del  papa romano ya que su organización incluía una asociación laxa entre las  comunidades presididas por un obispo elegido localmente. A diferencia de los católicos romanos, los dirigentes habitaban entre el pueblo y los sermones y enseñanzas se expresaban en la lengua local y no en latín, viviendo de lo que ellos mismo producían con trabajo manual; no siendo sostenidos por la población ni ostentando riquezas. Este cristianismo primitivo, en espejo de lo actuado en su momento por los propios apóstoles de Jesús, tuvo numerosos seguidores en Francia, en Renania e incluso en Italia, pero en  Occitania (Tolouse, Albi, Carcassone) fue donde penetró con más fuerza en la clase dirigente y el pueblo en general. Tal postura de los religiosos no fue tolerada por una Iglesia que buscaba centralizarse y consolidarse como un poder temporal y comenzaron bien pronto las represiones.    La primera hoguera de la edad media cristiana, se enciende para quemar vivos a una docena de sacerdotes de la catedral de Orleans en 1022, condenados por herejía por Roberto EL PIADOSO (terrible ironía ¿no?) iniciando la negación del principal mandamiento cristiano “amarás a tu prójimo como a ti mismo”

La reforma gregoriana, que posibilitó el desarrollo de las cruzadas, aceptando la muerte del infiel como algo no condenable por la doctrina cristiana, trajo otra consecuencia terrible que fueron los tribunales de la Inquisición. Toda desviación del pensamiento aprobado por los órganos oficiales de la Iglesia romana era herejía pura y su pena, la tortura o muerte en la hoguera. El concilio de Reims de 1157 dictamina y coordina las primeras medidas episcopales contra los herejes a escala europea. En Tolouse, el advenimiento de  Raimundo VI en 1194 extiende cierta protección a los Buenos Hombres del Languedoc lo que determina como respuesta, la alianza papal de Inocencio III con el rey de Francia, siendo él  quien lleva el poder de Roma a su cúspide, declarándose por sobre los soberanos de toda Europa. Al respecto, el Concilio de Letran de 1215, define el marco estricto de la ortodoxia cristiana. Fuera de ella sólo hay condenación y castigo eterno.  En este contexto, el Papa inicia por primera vez una cruzada en tierra cristiana para exterminar a los herejes del Languedoc. Esta guerra que duró 20 años (1209- 1229) determinó la caída de Carcasona y Tolosa con el exterminio o desplazamiento de buena parte de su población y la ejecución de sus jefes y más tarde, impulsó la presencia temible de la inquisición dominica, que llevó a la hoguera a cientos de los considerados herejes.


Entre 1209 y 1229, son quemados en hogueras colectivas, 140 Buenos hombres y Buenas mujeres en Minerve, 200 en Cassés  y 400 en Lavaur.  Se toma la ciudad de  Carcassone y su población, y, como ya lo mencioné, es cruelmente expulsada desnuda en pleno invierno a morir en la tierra helada. Finalmente, la región se somete al dominio francés del rey niño Luis IX por el tratado de Meaux, en 1229. En 1244, luego de asedio prolongado, cae la ciudadela rebelde de  Monségur, en los Pirineos, cabeza y sede final de la iglesia hereje. El 16 de marzo de ese año son quemados más de doscientos religiosos/as en enormes hogueras colectivas, desapareciendo para siempre, toda la jerarquía episcopal. La cruzada papal había triunfado y la región se integraba definitivamente al territorio francés. Pero la historia  avergonzada, hizo todo lo posible para ocultar bajo la alfombra esa conducta abominable entre hermanos y hoy día casi nada se lee o enseña en relación al destino de los pueblos cátaros.

¡Qué lejos quedaban todos estos acontecimientos de intolerancia extrema, del pensamiento y enseñanzas del Cristo real  y de su nuevo mandamiento: “Amaos los unos a los otros como Yo los amé”! Ya lo había mencionado, pero vale repetirlo para mitigar el dolor y la amargura que estos hechos producen.

Creo que nuestra querida Institución terrena, la Iglesia católica  vaticana, debe realizar un profundo acto de contrición y expresar su dolor y arrepentimiento, por las desviaciones monstruosas y los enormes errores cometidos por  la Inquisición.

A pesar de su sangriento pasado, con pueblos enteros desplazados o destruidos y sus dirigentes consumidos por el fuego,  la región con el tiempo fue repoblada,  progresando incesantemente y aires de bienestar y tranquilidad se respiraba  ahora en todas partes. Como era lógico, con el paso de los siglos, el Languedoc ha resurgido. Y las ruinas que han quedado de tantos castillos arrasados son parte hoy de un selecto recorrido turístico por la alta montaña. En este sentido, son recomendables la visita con guía de las ruinas de Termes y el castillo de Durfort. Allí cerca puede visitarse también en Villerouge-Termenés, las torres circulares sobrevivientes del Chateau que fue tomado y destruido en 1321 y su señor, el cátaro Belibestre,  quemado en la hoguera. El último bastión, montado sobre el promontorio rocoso de Montségur, considerado inexpugnable, terminó por caer abrumado por las fuerzas papales-francesas y sus dirigentes masacrados en grandes hogueras y la población dispersada y desaparecida. También es un lugar de alta montaña al que puede llegarse  aunque es muy poco lo que queda por ver.
La ciudad de Albi es en la actualidad una plácida localidad, centro en la elaboración del perfume y del cultivo de flores, desarrollada a la vera del río Tarnn y cruzada por una sucesión de puentes elegantes y de rojiza tonalidad.ctualidad de una rojiza tonalidad. Diría que cuando estuvimos, se vivía bien y se comía mejor. De sus épocas de gloria, quedan una enorme catedral y el palacio del obispo disidente que sin duda, vale la pena recorrer. También Albi, ya en el siglo XIX, fue la cuna del pintor impresionista Tulouse Loutrec, conocido por sus magníficos bocetos de los cabarets de París, el frenético can-can, sus ágiles caballos de carrera y sus retratos plenos de frescura y color. Hoy se encuentra junto a la casa del artista, un importante museo dedicado a su obra, que apreciamos con profundo interés ya que los numerosos cuadros allí expuestos son excelentes.


Casa de Tulouse Lautrec en Albi.



La catedral de Santa Cecilia es una imponente mole marrón rojiza de ladrillos que ocupa toda una manzana y por la forma tubular de algunas de sus paredes se me antojaba como un órgano musical gigantesco. Su espacioso interior presenta una decoración magnífica y al asistir a misa dominical vivimos la inesperada experiencia de un ambiente totalmente colmado de niños pues era el día de la primera comunión para esos jovencitos que iniciaban su compromiso con la religión  (visto en perspectiva, una ironía del destino). Adyacente a la iglesia se levanta otra enorme construcción de igual estilo y color que es el palacio del arzobispado, cuyos salones y  esmerados parques, tuvimos la oportunidad de  admirar. Las vistas de la ciudad y del río con sus puentes desde las galerías y azoteas  del piso alto, son muy bonitas.

Palacio del Arzobispado de Albi, Francia

 

Palacio del Arzobispado de Albi, Francia

 

Frente del Palacio, Albii, Francia.

 

Vista de los jardines del Palacio, Albi, Francia

 

Capilla del Palacio del Arzobispado, Albi, Francia

 

Vista de los jardines sobre el río Tarn desde la terraza del Palacio, Albi, Francia

 

Jardines del Palacio y río Tarn desde la terraza, Albi, Francia

 

Albi sobre el Tarn. Vista desde la terraza del Palacio

 

Vista del río Tarn y la ciudad de Albi, desde el Palacio del Arzobispado

 

Albi sobre el río Tarn

 

Vista del río Tarn desde el piso superior del Arzobispado, Albi, Francia

 

 


En el casco antiguo no hay edificios elevados salvo las dos estructuras mencionadas. Las calles de grueso empedrado, serpentean entre casonas señoriales con amplios pórticos y patios centrales. Los frentes están bien conservados y muchos de ellos, cubiertos por enredaderas mientras macetas con flores asoman por los balcones y ventanas. Pocos automóviles y un número normal de transeúntes transmiten paz a los extranjeros que la recorremos. Ya lo he dicho: Albi es una ciudad agradable y bonita, pero aún no se ha incorporado al turismo masivo que ahoga Europa. Ello es un plus.

Catedral de Albi,. Vista posterior

 

Frente de la torre principal de Santa Cecilia, Albi, Francia

 

Vista lateral de la Catedral de Santa Cecilia, Albi, Francia

 

Catedral de Albi. Entrada lateral

 

Puerta lateral de la Catedral de Santa Cecilia, Albi, Francia

 

Portal de Santa Cecilia. Entrada lateral, Albi, Francia

 

Costado de la Catedral de Albi, Francia

 

Imágenes sobre la vida de la Virgen María en el Museo de la Catedral Santa Cecilia, Albi

 

 


Cordés

Aprovechando el automóvil, antes de despedirnos de la zona, realizamos un paseo a Cordés –sur- ciel, al norte de Albi. En su momento constituyó (con fortificaciones en otros lugares elevados), una línea de defensa indispensable en esos reinos fragmentados.

La visita, bien lo vale.  A  pocos kilómetros  y enancada en los Pirineos, la parte antigua (llamada “Cordés bajo el cielo”) se recorre  trepando a pie  por la colina luego de estacionar el auto en la parte baja o población nueva. Desafiando las leyes de la gravedad y en medio de setos verdes cuajados de flores, surgen casonas de piedra con la hiedra firmemente adherida a los muros que oculta muchos frentes, mientras que sobre las ventanas, lucen rejas de hierro artesanalmente trabajadas. En lo más alto, sobre la misma cumbre, la infaltable iglesita y un castillo parcialmente derruido. Desde esa altura se  otea una campiña tersa y multicolor por sus sembrados, con fuertes pinceladas de verde y amarillo. Silencio en esas calles empedradas, que casi nadie transita. Sólo trinar de pájaros y silbidos del viento.  Experiencia muy agradable que no habremos de olvidar.

Campiña francesa desde Cordes

 

Torre del reloj en Cordés, Francia

 

Cordés,, Francia



El ambiente es en general placentero y  los escasos habitantes que uno cruza, muestran una simpatía que produce el bienestar y equilibrio en sus vidas.

Cordés, Francia

 

Viejo castillo de Cordes, Francia


Habían transcurridos  casi 10 días desde que saliéramos de Sitches; en este tiempo disfrutamos de lugares bellos y conocido historias terribles que ignorábamos. Como no era probable volver, intentamos fijar en nuestras mentes esa importante región del sur de Francia vecina a la tierra catalana. No conocemos el futuro pero tratamos de valorar este rico pasado.

El viaje lo completamos regresando por autopistas que luego de Toulouse se dirigían al mar, hacia Narbone y Perpignan, evitando la cadena montañosa de los Pirineos y siguiendo la costa española camino a Barcelona. Allí, en su aeropuerto, devolvimos  el automóvil y después, tomamos las conexiones aéreas para regresar a casa.